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Mar 12, 2008 - La insuficiencia de los grandes Juanita Bynum y Paula White, celebridades de mega- ministerios
enfrentan el escándalo público de su realidad privada. Por Ephraim Rivera
Cuando la presencia e influencia pública
no es consistente con la realidad
que se vive en privado, ninguna cosa
es suficiente para evitar lo ineludible. Los
hechos nos envian un mensaje claro.
Dos prominentes damas del mundo ministerial
evangélico con la peculiaridad de
poseer una personalidad muy carismática y
un gran dominio escénico que les ha convertido
en figuras de atracción e influencia de
primer orden; han ocupado la atención publica
así como el interés de los medios de
comunicación, a causa de la incidencia de
violencia domestica en el caso de la evangelista
Juanita Bynum y su esposo el Obispo
Thomas Weeks, y el anuncio de separación y
divorcio del Pastor Randy White y su afamada
esposa Paula White.
Ambos cas
o s
fueron anticipados por una ola de rumores
que desato un río de comentarios.
Tanto en Atlanta, Georgia como en Tampa,
Florida; se produjeron diversas reacciones
ante el impacto de los hechos protagonizados
por las destacadas figuras de ambos
mega ministerios e Iglesias. La repercusión
ha desatado iguales reacciones en toda la nación
como en el resto del mundo.
Pues, después de los escándalos de PTL
(Praise The Lord Ministries) liderado por
Jim Baker, y del mas renombrado tele evangelista
Jimmy Swaggart; asi como el sonado
caso de homosexualidad del Pastor Ted
Haggard que volvió a sacudir la opinión publica
por tratarse una vez mas de un lider
con relevancia nacional e internacional, se
pensó que los “grandes ministerios” habían
tomado nota y captado el mensaje para prevenir
y diligentemente tomar las medidas
apropiadas a fin de no ser causa de escándalo.
Triste y lamentablemente parece
ser que el escándalo en un sector
muy selecto del ministerio ha sido
adoptado como otra forma “PC”
(Políticamente correcto), al dilucidar
situaciones de conflictos
matrimoniales por causa de intereses
personales, valiéndose
de la posición de influencia, el poder económico
y la popularidad.
Como bien señaló meses atrás, mi querido
amigo y consiervo, el Pastor David Barlock,
en una columna publicada en su sitio
de Internet (www.iglesiant.org); se espera de
quienes ejercen la función de liderar en la
Iglesia y el ministerio, que su estilo de vida
sea “PC” o sea “puramente cristiano”, según
los principios y el orden del Reino. A la luz
de los hechos y su repercusión, surgen varias
preguntas a considerar.
¿Acaso, todo esto no es evidencia de que
algo esencial no estaba funcionando bien en
dichos imperios ministeriales? ¿Son los recursos
del poder, la riqueza, la popularidad y
los dones los que determinan cuan saludables
y competentes son los “grandes ministerios”?
¿No será que la inconsistencia entre
lo que se predica en publico y lo que se
vive en privado, es una condición de crisis
moral y espiritual que erosiona y debilita
cualquier ministerio por muy fuerte que aparente
ser?
Según el apóstol Pablo, la obra del ministerio
demanda dignidad y honra; porque
Dios ha puesto este tesoro en vasos de barro
para que la alteza del poder sea de El y no de
nosotros. |
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