Apr 16, 2008 - Los 144 mil
Por el Apóstol Dr. Ricardo Reyes Cuando descendamos con Jesús a la tierra para reinar durante ese milenio y para acabar las perversidades de Satanás y atarlo por esos mil años, entonces se acabará la maldad. Es allí cuando los 144 mil (*) -que son personas reservadas, castas, sin pecado, hombres de Dios que se mantienen en el día de Dios- comenzarán a engendrar y a reproducirse. En el momento en que Jesús desciende con nosotros -que no podemos engendrar, ni darnos en casamiento-, esos 144 mil -que son genuinamente israelitas, guardados, que creyeron en Jesús- empezarán a reproducirse en la tierra. Esos 144 mil son los mismos que, según los testigos de Russell (testigos de Jehová), serán los únicos que se salvarán, lo cual es mentira, pues no es lo que habla la Biblia. En ella dice que habrán 144 mil reservados, 12 mil de cada tribu, que son guardados para el milenio. Son estos hombres los que andarán con nosotros en ese tiempo y ellos engendrarán porque la tribulación habrá dejado mucha muerte y la generación de hombres será muy pequeña. Estos 144 mil se comenzarán a multiplicar y nacerán niños puros que crecerán solo oyendo del Señor, no conocerán ninguna palabra de maldad, ni crecerán viendo a dos padres peleando. Todo lo que conocerán será paz y amor. Apoc 14, 1-13: En la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban inscrito en la frente el nombre del cordero y el nombre de su Padre. Oí también un fragor que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano y al estampido de un trueno fuerte: era el son de citaristas que tañían sus cítaras delante del trono, delante de los cuatro vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender aquel cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que no se pervirtieron con mujeres, porque son vírgenes; éstos son los que siguen al Cordero adonde quiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta. Vi otro ángel que volaba por mitad del cielo; llevaba un mensaje irrevocable para anunciarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo... Oí una voz del cielo que decía: Escribe: Dichosos los que en adelante mueran en el Señor. Cierto, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.
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