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Jun 20, 2008 - El trato de la Iglesia a pastores indocumentados: ¿Debe ser legal o debe ser justo? Por: Ephraim Rivera
De las muchas cosas raras
que he escuchado
en medio del debate sobre
el tema de los millones de
indocumentados en los Estados
Unidos de América; en los
días recientes me parece un
criterio muy extraño el oír que
algunas autoridades de las instituciones
eclesiásticas hayan
determinado negarle el reconocimiento
mediante credenciales
ministeriales a pastores indocumentados
que han venido
desempeñando su labor pastoral
como siervos de Dios y ministros
del Evangelio. O sea,
que para ciertos jerarcas eclesiásticos
la validación ministerial
la determina la legalidad
migratoria del estado. Entiendo
que el Estado puede decir y
dictar que hay unos pastores
que no son legales, pero otra
cosa es que la Iglesia determine,
dicte y les ponga a ellos la
etiqueta de pastores ilegales.
Eso no se entiende, porque
aunque dicho criterio sea legal,
no quiere decir que es justo; y
se supone que la Iglesia se gobierne
por los principios del
Reino de Dios y no por los postulados
del Estado.
Desde mucho antes del 11
de septiembre del 2001, hermanos
indocumentados que
llegaron a territorio norteamericano,
en respuesta al llamado
de Dios y cumplimiento de la
vocación ministerial, han desempeñado
la labor pastoral
con fructíferos resultados, ganando
miles de almas y plantando
iglesias latinas a lo largo
y ancho de la nación. En ese
entonces, la jerarquía de las
instituciones eclesiásticas, no
cuestionó ni tampoco desalentó
la labor pastoral de los ministros.
Hay constancia de que
muchos de ellos que iniciaron
su labor pastoral sin cobertura
institucional posteriormente se
unieron con sus iglesias a diferentes
concilios u organizaciones
eclesiásticas.
Ahora, en medio de todo el
confuso y viciado debate sobre
el estatus de los indocumentados
en este país, donde la politiquería
y el racismo ha prevalecido
sobre la verdadera justicia
social y los valores humanos,
algunos jerarcas de algunas
instituciones conciliares
están aceptando las condiciones
y cediendo quizás a intimidaciones
del Estado para asumir
posturas y determinaciones
discriminatorias y contrarias a
la naturaleza y misión del Reino
de Dios. Resulta altamente
contradictorio que la Iglesia
consienta con el Estado en su
política antiemigrante y se convierta
en agencia del departamento
de inmigración para entregar
hermanos y hermanas,
siervos y siervas que con su labor
pastoral le hacen el mejor
bien a la sociedad norteamericana.
¿Qué pretende el César,
que nos arrodillemos ante el
poder imperial? ¿Dónde quedo
la llamada separación de
poderes y funciones de Iglesia
y Estado? ¿Cómo es posible
que el espíritu de Faraón le dicte
e imponga a la Iglesia a
quien puede reconocer como
ministro legitimo de la Pastoral?
¿Acaso el espíritu de
Constantino esta influenciando
a algunos lideres de la Iglesia a
aceptar conveniencias políticas
y favores del Estado a
cambio de ceder su soberanía
y autonomía como agencia del
Reino de Dios? ¿Desde cuando
el ministerio cristiano es validado
basándose en el estatus
migratorio? ¿Qué define en última
instancia el ministerio cristiano
de un hombre o mujer: su
respuesta y compromiso al llamado
de Dios o su estatus migratorio?
Me resulta muy extraño
que el criterio de la Iglesia sobre
la legitimidad y reconocimiento
del ministerio de los
siervos de Dios ahora no se
fundamente en principios bíblicos
y evangélicos. La discriminación,
el racismo y el hostigamiento
contra el extranjero,
con documentos o no, es contrario
a lo que Dios ha dicho en
su Palabra. Un hermano o hermana
indocumentados para el
Estado no debería ser discriminado
por la Iglesia. Creo que
el mensaje que se le envía a
los miles de hermanos y hermanas
sin documentos que
forman parte de la membresía
de las iglesias latinas, y que
aportan a la economía de la
Iglesia con sus diezmos y
ofrendas, es muy negativo y
desesperanzador. Se le esta
diciendo a nuestros hermanos
que no cuenten con el apoyo y
esfuerzo de los lideres de la
Iglesia Latina en la lucha por
alcanzar un estatus migratorio
justo y apropiado a su realidad.
La gran comunidad cristiana
de indocumentados tiene que
pensar que si las instituciones
eclesiásticas se niegan a reconocer
y apoyar a los pastores
no documentados ellos no
pueden esperar algo diferente.
Tenemos que cuestionarles
a esos líderes eclesiásticos
como compara su criterio alineado
con lo que dice el estado
y las siguientes normas que
el Señor pautó para su pueblo,
sobre el trato y relación con los
extraños, y que revelan el corazón
de Dios para con los extranjeros.
Esto fue lo ordenado
por el Padre Celestial respecto
al extranjero: No engañarlo.
Éxodo 22:21ª, No angustiarlo.
Éxodo 22:21b, Darle descanso
semanal. Éxodo 23:12; Proveerle
alimento. Levítico
19:9,10; 23:22, Deut. 24:19-22;
No oprimirlo. Levítico 19:33;
Deut. 24:14; Deut. 29:11; Tenerle
como un natural. (Levítico
19:34a); Amarlo con a uno
mismo. (Levítico 19:34b); No
torcer el derecho del extranjero.
(Deut. 24:17,18; 2610);
Congregarlos y enseñarlos.
(Deut. 31:12) Estos deben ser
los criterios a seguir por la Iglesia
si va a darle un trato digno
y justo a los extranjeros sean
estos documentados o no, tanto
a los que en virtud del llamado
de Dios son pastores como
a los laicos.
El autor es Obispo de la
Iglesia De Dios y ejerce sus
servicios para el Reino de
Dios en el área metropolitana
de Nueva York. Autor de
libros y Columnista de la Revista
y el Periódico Alerta. |
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