
| |
Sep 16, 2008 - La pura gracia del amor de Dios Por Ephraim Rivera.
Hace unos días entre a
la sala de los profetas
del Antiguo Testamento
y me encontré con esta declaración
Divina en el registro de
Oseas (el profeta de la Salvación
por Gracia): "los amaré
de pura gracia" (Oseas 14:4).
Me impresiona y cautiva la generosidad
de Dios en esta palabra,
no solo con su pueblo
Israel sino conmigo y contigo
también. Eso de amar de pura
gracia va más allá de la generosidad,
pues lo que Dios
esta haciendo es amar a quien
no es digno ni merecedor del
favor de Dios como para ser
amado. Me parece que el
apóstol Pablo entendió este
trato increíble de Dios cuando
declara: "Dios muestra su
amor para con nosotros en
que siendo aun pecadores
Cristo murió con nosotros"
(Romanos 5:8)
Si miramos el contexto del
pasaje de Oseas, nos daremos
cuenta de cuan grandioso
y poderoso es el Amor de Dios
que como dice Pablo, "Cuando
el pecado abundó, sobreabundó
la gracia" (Romanos
5:20) Ciertamente el pueblo
estaba descarriado de
Dios, vivían en rebelión, apostasía
e indiferencia y su iniquidad
e infidelidad era sin limites.
Dios en lugar de rechazarlos,
abandonarlos y olvidarlos,
Dios manifiesta su corazón
Paternal y le lanza un llamado:
"Vuelve, oh Israel,
vuelve a Jehová tu Dios,
porque por tu pecado has
caído. Llevad con vosotros
palabras de suplica, y volved
a Jehová, y decidle: Quita
toda iniquidad, y acepta el
bien, y te ofreceremos la
ofrenda de nuestros labios."
Y Dios dice: "Yo los sanaré
de su rebelión, los amaré de
pura gracia, porque mi ira se
apartó de ellos" (Oséas 14:1-
4)
¡Que compasión! ¡Cuanta
misericordia!
Increíblemente, Dios no
tiene otra manera de amar. De
manera, que ese amar de pura
gracia hace posible que por
abundante que sea el pecado
"la misericordia triunfe sobre el
juicio" (Stgo. 2:13) Así que, de
pura gracia, Dios ama al rebelde,
al traidor, al ingrato, al descarriado
y al reincidente. En
su infinita misericordia e inmensa
bondad, el Señor ilumina
la sombría y tenebrosa condición
del pecador con un llamado
a la reconciliación y el
ofrecimiento de su gracia inefable.
Es bueno que sepamos
que nuestro Dios nos ama de
pura gracia porque no merecemos
ni somos dignos del bien
que solo El puede darnos. Digo
dar porque eso es la gracia;
dadiva de Dios para vida eterna.
No hay forma que podamos
ganarnos el favor de
Dios. No hay manera que podamos
cualificar para conseguir
el beneficio de Su incomparable
misericordia. Tampoco
podemos intentar a cambio
de algo llamar la atención de
Dios y recibir a cambio el perdón
y la sanidad de nuestro
ser. Ni siquiera es posible negociar
la paz con Dios basándonos
en promesas o votos
que pretendamos cumplirle.
La relación con Dios se circunscribe
a que aceptemos
con un corazón contrito y humillado
que Él nos ame de pura
gracia y correspondamos a
Su amor amándole con todo el
corazón, con toda la mente,
con toda el alma, y con todas
las fuerzas.
Ahora ese amar de pura
gracia de nuestro Dios no significa
que por cuanto es gratis
(pues no podemos pagárselo)
lo tengamos en poco o lo menospreciemos.
Porque la gracia
es cara. Este amor de pura
gracia costo la entrega y sacrificio
supremo del Unigénito
del Padre. Y quien tiene en
poco ese amor de pura gracia
manifestado en el perdón y la
salvación concedidos en Cristo
Jesús, queda irremisiblemente
expuesto a condenación
y muerte eterna. Simplemente,
porque si el pecador
rechaza ese amor de pura gracia
que Dios le ofrece, pierde
lo único que puede cambiar
su historia y su destino. Quien
reconoce tener esa deuda de
amor con nuestro Dios y Padre
Celestial, nunca le dará la espalda,
jamás dudara de Su
amor, bondad y misericordia,
ni tampoco será indiferente a
Su Palabra fiel y verdadera.
Sois amados y bendecidos de
pura gracia.
El autor es Obispo de la
Iglesia De Dios y ejerce sus
servicios para el Reino de
Dios en el área metropolitana
de Nueva York. Autor de
libros y Columnista de la Revista
y el Periódico Alerta.
ephraimrivera@aol.com |
|
|
|
|
|
|
|